Osteopatía

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Osteopatía

“Still adoptó la palabra Osteopatía para definir esta nueva ciencia. Las raíces griegas de la palabra son: Osteon, el hueso, el tejido; y patos, no en el sentido de la enfermedad, sino en el sentido de “lo que viene desde adentro”, como simpatía o antipatía. Osteopatía significa pues, lo que viene desde adentro a través de los huesos, de los tejidos.” Giles Drevon.

La Osteopatía se inició en Estados Unidos a finales del siglo XIX con el doctor Andrew Taylor Still, quien a través de la observación de sus pacientes y la aplicación de profundos conocimientos de anatomía y biomecánica, postuló que la salud y el correcto funcionamiento del individuo dependen de la integridad estructural global del cuerpo. Luego continuó su desarrollo gracias a los descubrimientos de uno de sus discípulos, William Garner Sutherland, quien logró percibir y comprobar la existencia de un Mecanismo Respiratorio Primario (MRP) y del sistema craneo-sacral; aportes que profundizaron, perfeccionaron y expandieron el alcance de la disciplina.

Es una terapia manual que contempla al ser humano desde un enfoque global y natural. Tiene métodos propios de diagnóstico y tratamiento, que se adaptan a las necesidades de cada persona para reestablecer su fisiología y equilibrio. Trabaja propiciando un diálogo con los tejidos, lo que permite tanto diagnosticar la causa del “problema”, así como tratarlo.

Se considera que el rol del paciente es activo, consciente y responsable. Por tanto, un Osteópata no es un curador. Es, más bien, un punto de apoyo que acompaña al paciente a conectarse con su cuerpo, sus emociones y pensamientos y a la toma de conciencia en relación a sus síntomas y el origen de ellos, que es el comienzo de su curación.

Una lesión Osteopática es una restricción o pérdida de movilidad o motilidad de un tejido, órgano, hueso, articulación o líquidos del cuerpo. Se concibe a la enfermedad o la incomodidad como una oportunidad para cambiar algo o favorecer procesos de aprendizaje.

Para la Osteopatía, la vitalidad o fuerza vital inherente a cada individuo, se expresa a través del movimiento propio de cada tejido o estructura y de la circulación de los líquidos: sangre, linfa y líquido cefalorraquídeo.

Se contemplan simultáneamente tres planos que encuentran su mayor representación en tres pilares:

>plano físico, que se ancla principalmente en el pilar o sistema músculo-esquelético y se vincula sobre todo con lesiones de origen mecánico.
>plano fluídico, que se expresa principalmente en el pilar o sistema visceral y se vincula principalmente con el campo emocional.
>plano electromagnético, representado, principalmente, por el sistema o pilar craneo-sacral y se relaciona principalmente con el campo energético y de pensamientos.

Los cinco primeros principios que fundamentan la Osteopatía, fueron establecidos por el Kirksville College of Osteopathic Medicine en 1953. Los restantes fueron publicados en el Journal of American Osteopathy en 1981.

Los principios son:

La unidad del cuerpo:

Todos los sistemas son interdependientes y están relacionados entre sí. Por lo tanto, cuando algún órgano o estructura se ve afectado, todo el cuerpo va a responder a través de compensaciones. Así también, desde este enfoque holístico, se considera a toda la persona, en sus aspectos físico, emocional, psíquico y espiritual, conectados e interdependientes. El stress, la mala higiene de vida, accidentes, operaciones, golpes, problemas emocionales pueden crear tensiones y bloqueos en diferentes partes del cuerpo. Cada tensión en uno o en varios sistemas va a disminuir la vitalidad de la persona.

“Quiero dejar en claro que para mí tratar el efecto es lo mismo que si un bombero luchara contra el fuego sin prestar atención a qué lo está provocando.” A.T. Still.

La relación recíproca entre estructura y función:

Cada estructura del cuerpo influye en su función. El estado fisiológico de la función que cumple cada tejido influye en su forma o estructura. Existe una conexión recíproca.

Si la estructura que contiene a la función no es armónica, esta última no puede expresarse. A su vez, un mal funcionamiento de algún tejido, puede afectar su estructura.

La Homeostasis:

El cuerpo posee mecanismos de autorregulación y fuerzas de auto curación.

El individuo tiende al equilibrio de sus sistemas. Existen numerosos mecanismos de tipo neuronal, energético, hormonal, vascular, etc. a partir de los cuales el cuerpo puede regular sus funciones.

“Todas las técnicas osteopáticas sirven solamente para estimular la homeostasis, la capacidad del cuerpo de curarse solo.” Giles Drevon

La vida es movimiento:

El movimiento interior del cuerpo es la base para mantener la salud en el organismo. El movimiento de los huesos, los músculos, fascias, la sangre, linfa o el líquido cefalorraquídeo son constantes e interdependientes. La enfermedad, la tensión o el dolor pueden aparecer cuando este movimiento fisiológico y vital se pierde, es restringido o se ve alterado.

La ley de la arteria es absoluta:

Cuando la sangre y la linfa fluyen en armonía, los tejidos pueden cumplir sus funciones sin impedimentos. Sí la circulación sanguínea se efectúa normalmente, la enfermedad no puede desarrollarse, dado que nuestra sangre transporta todos los elementos necesarios para asegurar la inmunidad natural, cicatrización, etc. La desarmonía en la circulación implicaría la disminución de la capacidad de defensa de los tejidos, proporcionando un terreno favorable a la instalación de una disfunción. Este concepto se extiende a la circulación arterial, venosa, linfática, del líquido cefalorraquídeo, sinovial y nerviosa.

“El fundamento de la Osteopatía dice que la sangre debe llegar al mismo tiempo a todos los órganos. A ellos debe llegar sangre limpia y en gran cantidad”. Andrew T. Still.